jueves, junio 29, 2006

Eskubi y San Fermín

Siempre habrá alguien que nos sorprenda antes de las inigualables, incomparables eta abar, fiestas de San Fermín. Resulta que, tras mil trabas, desencuentros y polémicas, al fin se sabía ya quién iba a lanzar el cohete con el que la fiesta, eso dicen, estalla. Ya que ni el Osasuna había ganado la liga ni teníamos otro Indurain que apartara la política de las fiestas, la suerte recayó, según orden y lista, en el concejal de Aralar, Javier –uno más en esta fiesta de la originalidad en que consisten los nombres propios navarros- Eskubi.

Acaso para contrarrestar la falta de originalidad de su nombre propio, a nuestro ilustre concejal no se le ha ocurrido otra idea sino la de cambiar por un “vivan la fiestas de San Fermín” el tradicionalísimo grito de inicio de las fiestas, el célebre ¡Viva san Fermín!, unido al más reciente ¡Gora San Fermín! Un grito mucho más antiguo, mal que a algunos pese, que el uniforme blanco y rojo con el que los navarros y navarras (que no se nos olvide la corrección política), añorantes tal vez de los uniformes de seminarios y colegios religiosos donde, más o menos, se educaron, muestran su originalidad, la anarquía y diferencia de la fiesta. Será que la humanidad no ama tanto la libertad como se dice sino, más bien, la manada y el grupo.

Resulta que, según dicen algunas voces que dijo, nuestro concejal es agnóstico y, por tanto, no cree en San Fermín. La verdad es que se me escapa la relación que pueda haber entre ser agnóstico y creer o no creer, toda vez que tal palabra sólo significa ignorancia: del griego a (no) y gnosis (conocimiento). Si nuestro concejal afirma desconocerlo todo acerca de este tema, ¿qué problema tendrá para decir “viva San Fermín” o “vivan las fiestas de san Fermín”? Independientemente de que el significado de ambas expresiones no varía demasiado, puesto que si las fiestas son de san Fermín, no parece sino que se esté afirmando de otro modo la importancia esencial del santo para la existencia de las fiestas.

¡Cómo se va domesticando nuestra izquierda! Hace doscientos años, ningún izquierdista hubiera sido tan tibio como para declararse agnóstico sino que hubiera sido decididamente anticlerical y ateo. De modo que sí tendrían sentido las negativas a asistir a procesiones, dar vivas a los santos o besar el anillo del Obispo. Por el contrario, ¿esta izquierda light, que bebe cerveza sin alcohol, descafeinado con leche desnatada y coca cola sin coca, va más allá de un intento de provocación absurdo y de un querer salvar lo “políticamente correcto” de los ideales que un día tuvo su formación?

Sin olvidar que toda fiesta, según dicen los antropólogos y estudiosos de las religiones, tiene un origen religioso, sin el cual pierden todo su significado y se convierten en meros regresos a la animalidad. En efecto, algunas teorías afirman que la fiesta suponía un momento de liberación, un oasis en la dura vida cotidiana, un momento donde ser rompían los tabús y represiones para, después, tras las penitencias rituales, volver con renovadas fuerzas a la vida del trabajo y a la ley. Las actuales fiestas laicas –como las de aquellos que pretenden fiestas paralelas a comuniones, bautizos o confirmaciones- sólo constituyen una añoranza de momentos en que la vida tenía sentido. Acaso fuera falso pero lo tenía.

No extraña así que nuestra fiesta se haya convertido en un retroceso a la más brutal animalidad. Privada de todo sentido, incluso de la liberación de lo cotidiano, que se realiza cada fin de semana o en las miles de fiestas (siempre dedicadas a vírgenes y santos) de nuestra geografía, todo es gamberrada, suciedad, droga absurda, vino sin control, muerte sin sentido (ni siquiera podemos encontrar en los toros el más mínimo vestigio de la fuertes mitologías antiguas donde el toro tenía su lugar), vergüenza posiblemente para el santo patrono si este, por un casual que nunca debería sorprender al agnóstico, existiera y asistiera con su capote a los mozos, divinos y humanos, que se aventuran por las peligrosas calles al amanecer.

Brinde, pues nuestro concejal, con el canto de siempre, con su nombre de siempre, déjese de provocaciones absurdas en momentos que no convienen e incluso recuerde aquél viejísimo consejo de nuestro maestro Platón cuando exigía a los gobernantes sabiduría (lo contrario del agnosticismo) y, por tanto, justicia, bondad, generosidad. Que incluso hay sospechas de que esta descafeinada izquierda se desliza, a veces, hacia lugares de injusticia, injusticia que es producto, sigue el filósofo, precisamente de la ignorancia Dado que otro filósofo todavía más viejo decía que sólo quien no espera hallará lo inesperado, brindemos, por si acaso, por San Fermín.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta tu comentario. ¿No se habrá hecho el tonto?. Resulta más moderno ir de pareja que ir de agnóstico. Los de Aralar no tienen tanta tradición. Ya se ha corregido.Loly.

nina olvido dijo...

Te leí en el periódico. Me vino mi madre con la primicia... pero yo ya te había leído mucho antes!

Es lo que tienen las nuevas tecnologías. Algún día se impondrán al papel??

Los San Fermines fuera, me equivoco? son las 5 y media de la mañana y estoy insomne. en una hora me voy para barcelona.
Bon Voyage!!

Anónimo dijo...

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